El sueño de los héroes

El sueño de los héroes

Language: Spanish

Pages: 208

ISBN: 8420638366

Format: PDF / Kindle (mobi) / ePub


Las preocupaciones y los temas caracteristicos de los relatos de Adolfo Bioy Casares se dan cita nuevamente en El sueno de los heroes, novela en la que lo fantastico irrumpe en la trivialidad cotidiana de una pandilla de amigos que, durante tres dias del carnaval de 1927, recorren los suburbios de Buenos Aires en busca de aventuras y diversiones. Articulada en torno al enfrentamiento entre el turbio doctor Valerga y Emilio Gauna y a la pasion de este por Clara, el cruce entre espacios y tiempos diferentes adquiere en esta ocasion un tono sombrio y dramatico, ya que el intento de regresar al pasado ignora de forma imprudente que ese peligroso viaje no implica la repeticion de las situaciones vividas, sino que puede dar lugar al despliegue de posibilidades anteriormente evitadas.

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parado— entre la circunstancia que Élida vuelva de la playa y ese objeto inefable, que se prolonga en mangas, en cinturones y en charreteras? —No se acalore —recomendó un segundo hombrecito (moreno, con barba de dos días, saco de repartidor de leche, despectivo cigarrillo en los labios pegajosos de saliva seca y libreto en la mano)—. El autor vota por el tapado. Ustedes agachan el testuz. Aquí dice en letra de imprenta: Élida Wangel aparece bajo los árboles cerca de la alameda. Se ha echado un

que la quería mucho. XX Al otro día no ensayaban. Cuando volvió del trabajo, Gauna llamó a Clara por teléfono, desde la tienda, para preguntarle dónde irían. Clara le dijo que su tía Marcela había llegado del campo y que tal vez tuviera que salir con ella; le pidió que volviera a llamarla diez minutos más tarde; ya entonces habría hablado con Marcela y sabría qué iba a hacer. Gauna preguntó a la hija del tendero si podía quedarse un rato. La muchacha lo miraba con sus grandes ojos verdes,

distraído jugaba con un sombrero. —Háganos oír otro valsecito, maestro —pidió Gauna, con voz humilde. Con lentitud, como para atajarse un golpe terrible pero lentísimo, el músico levantó los brazos, pareció crucificado en la columna, gimió roncamente y aterrado retrocedió y huyó, embistiendo, repetidas veces, las paredes que daban al patio. El chico del sombrero despertó luego de su distracción, corrió hacia el músico, lo tomó de una mano y lo arrastró en dirección a la salida. Gauna estaba

de las ocho, que para comer se arreglarían con cualquier cosa, tal vez abrirían una de esas latas de conservas que nunca se resolvían a probar. Cuando Gauna volvía a la casa, después de agradecer la atención del carpintero (que no contestó, que ni siquiera levantó la cabeza), comprendió que la esperada oportunidad había llegado. Esa misma tarde emprendería una nueva investigación de la aventura de los lagos, del misterio de la tercera noche. No sentía ninguna impaciencia ni tampoco ninguna

fulana ya podés entrarte los dedos por las orejas que están destapando una nueva botella, porque la de tu marca no le agrada a la señorita, que es muy estrecha en sus gustos. Mientras seguís repantigado tenés que hacer la cuenta que te aplican un taxímetro a la cartera y cuando quieras pedir la esponja y retirarte, más muerto que vivo, poné cuidado en repartir las propinas porque si los disgustás los trozos te sacan a los empujones hasta que te pasan al portero que te da un saque y despertás en

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