La Regenta (Penguin Classics)

La Regenta (Penguin Classics)

Leopoldo Alas

Language: English

Pages: 736

ISBN: 0140443460

Format: PDF / Kindle (mobi) / ePub


Married to the retired magistrate of Vetusta, Ana Ozores cares deeply for her much older husband but feels stifled by the monotony of her life in the shabby and conservative provincial town. And when she embarks on a quest for fulfillment through religion and even adultery, a bitter struggle begins between a powerful priest and a would-be Don Juan for the passionate young woman's body and soul. Scandalizing contemporary Spain when it was first published in 1885, with its searing critique of the Church and its frank treatment of sex, La Regenta is a compelling and witty depiction of the complacent and frivolous world of upper-class society.

For more than seventy years, Penguin has been the leading publisher of classic literature in the English-speaking world. With more than 1,700 titles, Penguin Classics represents a global bookshelf of the best works throughout history and across genres and disciplines. Readers trust the series to provide authoritative texts enhanced by introductions and notes by distinguished scholars and contemporary authors, as well as up-to-date translations by award-winning translators.

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dudas... �Si no habría sido él toda su vida bastante bueno? Había que pensar en esto; pero �Dios mío! �él no quería quebraderos de cabeza! Ya, cuando lo de la jubilación, fundada en una enfermedad que no tenía, le había costado gran trabajo arreglar sus papeles y pedir recomendaciones, y la jubilación era cosa temporal... con que la salvación del alma, la jubilación eterna como quien decía �apenas iba a exigir esfuerzos, expedientes, y también recomendaciones! Era preciso entregarse a su esposa

amaba. Lo demás del mundo no existía. Y ahora don Santos moría escandalosamente, moría como un perro, habría que enterrarle en aquel pozo inmundo, desamparado, que había detrás del cementerio y que servía para los enterramientos civiles; y de todo esto iba a tener la culpa él, y Vetusta se le iba a echar encima. Ya empezaba el rum rum del motín, el Chato venía a cada momento a decirle que la calle de don Santos y la tienda se llenaban de gente, de enemigos del Magistral... que se le llamaba

abierto. Quintanar los tenía en los cajones más altos de sus estantes. �Qué impresiones! He encontrado entre las hojas de una Mitología ilustrada, pedacitos de yerba de Lo reto... eran polvo; papeles escritos en que reconocí mis garabatos de niña... y un marinero dibujado por mi pluma que, según la leyenda que tiene al pie, era Germán. Probablemente Benítez condenaría este afán de leer y me prohibiría la desmedida afición. �Oh, qué cosas tan nuevas encuentro en estos libros que apenas entendía

huían, se confundían y se negaban a ordenarse en forma de raciocinio. Entró en el cenador y se sentó en una mecedora. Desde allí se veía el balcón de donde había saltado don Álvaro. El reloj de la catedral dio las siete. Aquellas campanadas fijaron en la cabeza aturdida de Quintanar la triste realidad... Le habían adelantado el reloj. �Quién? Petra, sin duda Petra. Había sido una venganza. �Oh! una venganza bien cumplida. Ahora le parecía absurdo haber tomado la poca luz del alba por día

no lo recordaba. Don Cayetano, que sabía esto, hizo un simulacro de presentación diplomática en el tono jocoserio que nunca abandonaba. Ellos, la Regenta y el Magistral, habían hablado poco; todo casi se lo había dicho Ripamilán y lo demás Visitación, que acompañaba a la de Quintanar. Doña Ana volvió pronto a su casa. Se recogió temprano aquella noche. De la breve conversación de la tarde no recordaba más que esto: que al día siguiente, después del coro, el Magistral la esperaba en su capilla.

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