Otras inquisiciones

Otras inquisiciones

Jorge Luis Borges

Language: Spanish

Pages: 296

ISBN: 842063316X

Format: PDF / Kindle (mobi) / ePub


«La literatura no es agotable, por la suficiente y simple razón de que un solo libro no lo es. El libro no es un ente incomunicado: es una relación, es un eje de innumerables relaciones.»

Este feliz volumen, inédito como tal hasta hoy, se compone de dos libros dados a imprenta con más de un cuarto de siglo de diferencia, la que separa 1925 de 1952. No obstante, sus ensayos pertenecen a un mismo diálogo, el de Borges con la historia literaria, el del lector con el escritor. De entre ellos, «Menoscabo y grandeza de Quevedo» señala los rostros múltiples del autor; «La nadería de la personalidad» quiebra el conjunto del yo; «La flor de Coleridge» reivindica la supremacía de la tradición; y «Kafka y sus precursores», por ejemplo, cuestiona el sentido de las influencias.

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de un poeta ejemplar, creado por esa obra. Así, el poeta inglés Lascelles Abercrombie pudo alabar a Whitman por haber creado «de la riqueza de su noble experiencia, esa figura vívida y personal que es una de las pocas cosas realmente grandes de la poesía de nuestro tiempo: la figura de él mismo». El dictamen es vago y superlativo, pero tiene la singular virtud de no identificar a Whitman, hombre de letras y devoto de Tennyson, con whitman, héroe semidivino de Leaves of Grass. La distinción es

casi infinita muralla china fue aquel primer Emperador, Shih Huang Ti, que asimismo dispuso que se quemaran todos los libros anteriores a él. Que las dos vastas operaciones —las quinientas o seiscientas leguas de piedra para opuestas a los bárbaros, la rigurosa abolición de la historia, es decir del pasado— procedieran de una persona y fueran de algún modo sus atributos, inexplicablemente me satisfizo y, a la vez, me inquietó. Indagar las razones de esa emoción es el fin de esta Plancha.

«Con un error de lógica, que a mi parecer, es también una falla. Keats opone a la fugacidad de la vida humana, por la que entiende la vida del individuo, la permanencia de la vida del pájaro, por la que entiende la vida de la especie.» El 1895, Bridges repitió la denuncia: F.R Leavis la aprobó en 1936 y le agregó el escolio: «Naturalmente, la falacia incluída en este concepto prueba la intensidad del sentimiento que la prohijó…» Keats en la primera estrofa de su poema, había llamado dríade al

Zeit, 214); no comprendía que lo heroico prescindiera de lo romántico y se encarnara en el capitán Bluntschli de Arms and the Man, no en Sergio Saránoff… La biografía de Bernard Shaw por Frank Harris encierra una admirable carta de aquél, de la que copio estas palabras: «Yo comprendo todo y a todos y soy nada y soy nadie». De esa nada (tan comparable a la de Dios antes de crear el mundo, tan comparable a la divinidad primordial que otro irlandés, Juan Escoto Erígena, llamóNihil), Bernard Shaw

personas mueren contigo, su participación en tu suerte no hará que tengas diez mil veces más hambre ni multiplicará por diez mil el tiempo en que agonices. No te dejes abrumar por la horrenda suma de los padecimientos humanos; la tal suma no existe. Ni la pobreza ni el dolor son acumulables». Cf. también The Problem of Pain, VII, de C. S. Lewis. Lucrecio (De rerum natura, I, 830) atribuye a Anaxágoras la doctrina de que el oro consta de partículas de oro; el fuego, de chispas; el hueso, de

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